TEMPLEMOS NUESTRO CARÁCTER

martes, 8 de agosto de 2017

En los tiempos que se vienen…       Por Eduardo Juan Salleras, 5 de agosto de2017.-

                      Tomé un libro al azar de mi vieja y nutrida biblioteca.

   Le tocó a uno de Samuel Smiles, “EL Carácter”. Justo propicio para el momento que estamos viviendo en estas latitudes - la Pampa Húmeda, que jamás fue tan húmeda - y lo leí.

   Este escritor escocés toma frases también de otros autores, y así como escribió el libro “El Deber”, en este caso, llena páginas muy interesantes acerca del carácter, sobre su importancia.

   “La prosperidad de un país, no depende de la abundancia de sus rentas… ni de la belleza de sus edificios públicos; consiste en el número de sus ciudadanos cultos; en sus hombres de educación, ilustración, y carácter… ese es su verdadero poder”. (Martín Lutero).

   Smiles dice: “el hombre genial obtiene admiración, en cambio el hombre de carácter, respeto”. Prosigue: “la sabiduría está en el cerebro, el carácter en el corazón”. “El hombre de ingenio ocupa un lugar en la sociedad acorde a su inteligencia. En cambio el hombre de carácter representa la conciencia de la sociedad. A unos se los admira, a los otros, se los imita”.

   ¿Cuánto carácter hace falta para sobrellevar los momentos vividos y cuánto para los que vendrán, a corto plazo?

   El carácter es como una montaña propia, privada, a la que debemos escalar para llegar a su cima. Podemos elegir contemplarla desde abajo, privándonos de conocer todo lo que desde arriba se ve, se conoce, se domina.

   A unos les tocan más difíciles de subir y a otros más simples. Están los que tienen una mejor preparación para sobrellevar los esfuerzos y arbitrariedades que demandan su ascenso. Algunos, en cambio, por cualquier razón de la vida, carecen de las habilidades o de las condiciones necesarias, pero igualmente, deben intentarlo. Porque en el fondo es únicamente decisión. No es una cuestión de riquezas ni de intelectualidad, no es cuestión de pobreza o de ignorancia, es tan sólo, voluntad.

   Llegar a la cima escalando, es la única forma de alcanzar el carácter, no es llegar a la cumbre de cualquier forma y permanecer en ella. Es por eso que el carácter está íntimamente relacionado con el deber.

   En muchas ocasiones me tentaron con ser el que conviene que sea, incluso en estos temas sobre las inundaciones, me recomendaron ser distinto, digamos: opinar más amigablemente. Jamás me llevé bien con el que “convenía ser”, equivocado o no, busqué ser el que creo que “debo ser”.

   El deber ser va de la mano de la verdad y esta, de la rectitud.

   Son tiempos en los que las personas se fijan más en que “conviene ser” y no, el que se “debe ser” de acuerdo a la verdad.

   “Ningún hombre está obligado a ser rico o grande, ni a ser sabio; pero todo hombre está obligado a ser honesto”. (Benjamín Rudyard).

   Sólo la honradez y la dignidad dan crédito, fe y certeza… “ni el genio ni el talento, dan confianza. El culto de lo verdadero está en el fondo de toda excelencia personal. Eso se manifiesta en la conducta y se llama: rectitud. De ahí nace la confianza… cuando se dice saber algo, y se sabe; cuando se promete hacer algo, y se hace”. (Samuel Smiles).

   El que actúa sobre el hecho consumado, está fuera de tiempo, perdió el tren. Y el que pretende luego subirse al tren ajeno, no va a lograr otra cosa que llegar a una estación que no le pertenece. El peligro más grande está en andar por andar, sin saber por qué y a dónde se pretende llegar, no sólo sin conocer el camino sino también, y pero aún, sin pretender conocerlo.

   En toda esta historia de las inundaciones catastróficas que tenemos hoy, nos cabe hacernos algunas preguntas que deberían contestar “los que tienen que hacer, los que dicen que van a hacer, los que dicen que saben”: Al presidente de la Nación y a los gobernadores, ¿Alguien les mostró o les contó lo que está pasando en el subsuelo, debajo de nuestros pies, en donde el agua no se muestra? ¿Alguien les dijo de qué se trata lo que estamos viviendo? No pido siquiera que les cuenten - los responsables – que  hicieron todo al revés, ni que sabían que esto iba a ocurrir, o que su impericia produjo tal desastre. ¿Calcularon hoy la solución en función de la dimensión real? ¿Van a resolver la foto o el problema? El presidente y los gobernadores, ¿Se animan a oír otra campana, otra versión?

   La razón hace al carácter, y aquel que la encuentra, si con ella no templa su personalidad, su temperamento, su naturaleza, será una verdadera pérdida de tiempo y de oportunidad.

   Nuestro compromiso es con la verdad, entera, exacta. No existe ninguna razón que justifique parcializarla y mucho menos, minimizarla. Si somos conscientes de su existencia, de su permanencia frente a nosotros, no nos queda otra que llenarnos de carácter y defenderla. Es nuestro deber, es nuestro mañana.

   ¡Qué no nos ahoguen el ánimo!

   …antes de rendirte, intenta; antes de morir, vive… William Shakespeare. 

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