EL DISPARATE PROGRESISTA

jueves, 14 de noviembre de 2019

Comenzó el relato oficial

                                                    Por Eduardo Juan Salleras, 10 de noviembre de 2019.-

                   Se autoriza su publicación solamente en forma completa y nombrando la fuente

   ¿Por qué lo de Piñera en Chile es una justa revuelta popular y lo de Evo Morales en Bolivia, tiene que ser un golpe de Estado? Se pregunta mi querido amigo Carlos.

   Que la gente común no sepa sobre los entretelones de lo que viene pasando en Bolivia puede ser, pero que políticos, dirigentes sociales y el mismo presidente electo no lo sepan, es imposible de creer. Entonces, hay mala intensión, hay caprichos ideológicos.

   A Evo Morales no lo habilitaba la Constitución Nacional de Bolivia (la misma que él reformó), para presentarse por cuarta vez. Fue entonces que se le antojó hacer una consulta popular para modificar, de nuevo, la ley máxima boliviana y así eludir la prohibición de competir electoralmente. Y perdió ese referéndum por más del 50% de los votos (51,3%).

   Sin embargo, no se quedó con eso,  se presentó igual y con un resultado tildado de fraude, trató de evitar la segunda vuelta donde se veía derrotado. Fue todo tan visible que la gente estalló, con el hartazgo propio de una sociedad cansada de ver a los monigotes que pretenden hacerse pasar por ungidos divinos.

   Así y todo, estos neo progresistas hoy llamados bolivarianos (pobre don Simón), que se creen dueños absolutos no de la verdad, porque ésta no les interesa, sino de poder hacer lo que se les da la gana, se enojan, se ofenden, pretenden intervenir en un Estado ajeno… es patético, y lo peor es que no se avergüenzan.

   En el resultado de las elecciones del 27 de octubre estaba en juego esto: el disparate en el poder.

   Esa conducta practicada por casi el 50% de la ciudadanía argentina, no responde a la incoherencia, ni a una torpeza o ineptitud involuntaria, porque está perfectamente programada y admitida en la conducta de estos ciudadanos, aceptar como válido lo absurdo en la medida que les convenga.

   Le cabe bien a varios de los triunfadores de la última elección, esa frase que dice: “soy un hombre de sólidos principios que varían de acuerdo a las circunstancias”.

   Debemos admitir que en 40 millones de habitantes, pueden presentarse algunas patologías importantes en ciertos ciudadanos, por ejemplo: las típicas de la bipolaridad antojadiza (José Ingenieros diría hoy: la utilización de la bipolaridad en lucha por la vida, o la simulación de la incoherencia), ahora, elegirlos presidentes, diputados, gobernadores, senadores… a quién se le ocurre. Es rara la conducta latinoamericana, en especial, la bolivariana y la de nuestro neo progresismo por momentos peronista, otras veces menemista o kirchnerista si es necesario… y por qué no, Fernandista.

   Para que la gente entienda y compre lo que corresponde, esta es una salvaje lucha por el poder, que necesita estar anclada en distintos puntos del continente para defenderse entre sí, en particular cuando el pueblo se harta del saqueo, poniendo en riesgo al sistema cuando tropieza el camarada vecino.

   Los reclamos a Piñera, no son sólo consecuencia de su gobierno. La estructura socioeconómica chilena, residuo del gobierno de Pinochet, no fue transformada  tampoco por los sucesivos gobiernos socialistas, pero a ellos no, al gobierno de derecha sí.

   Si queremos ver en algún momento sociedades lógicas, gobernadas por gobiernos sensatos, lo primero que debemos pensar es en ponerle un límite al poder personal. En una comunidad normal no puede existir lo que sucede por ejemplo en la provincia de Formosa, con un gobernador que lleva décadas atornillado al gobierno. Tampoco que un ex presidente siga su carrera bajo el amparo de los fueros legislativos. Una vez terminado su mandato, a casa y nunca más a la vida en el Estado. ¿Acaso creen ellos que en 40 millones de argentinos no hay otro que pueda conducir el destino del país? ¿Tanto menosprecian a la sociedad argentina?  

   El que creía que Alberto Fernández sería distinto al kirchnerismo, se debe estar llevando una gran desilusión, añoranza injustificada porque siempre hizo pública sus incongruencias, aunque está haciendo un gran esfuerzo para radicalizar su neo progresismo (añoró a un Máximo Kirchner presidente), y parecerse más (de como lo ven sus partidarios, los que aún lo observan con una cierta reserva) a esa tendencia.

   Cuando utilizan el término “golpe de estado”, ¿a qué circunstancias se refieren? A cuando un presidente renuncia y huye, porque no pudo violentar las leyes constitucionales y electorales de su país; a cuando un presidente recientemente electo de manera transparente continúa con las políticas socioeconómicas que llevan varias décadas y que el pueblo, con derecho puede cuestionar, pero que curiosamente sale a las calles a prender fuego todo, como si el nuevo gobierno recién asumido fuera el responsable de esas reglas de juego, que utilizaron incluso sus opositores cuando ocuparon el poder… o cuando los sindicatos, de pronto, de golpe, como si agua bendita hubiera caído sobre las cabezas de sus dirigentes, a pesar de la importante crisis, dicen: al nuevo gobierno no le vamos a hacer paros ni reclamos (hasta hubo uno que rechazó el bono de fin de año que le reclamaron al gobierno saliente)…

   ¿Hemos vivido cuatro años de permanentes golpes de estado, en pequeñas y cómodas cuotas llamadas desestabilizaciones o justos reclamos populares?

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