Transcrito por TurboScribe. Actualizar a Ilimitado para eliminar este mensaje. Íbamos a la escuela, a una colonia rusa de a pie, con pantalones cortos, una vez nos agarró una nevada que no podíamos ni llegar al puesto del frío que teníamos. Y mi mamá se dio cuenta que no podíamos llegar, que no podíamos caminar, y se llevó dos cobijas para envolverle las piernas, ¿me entendés, Coco? Claro. Qué historia, ¿eh? La mierda que hacía frío, hermano, allá, que nosotros no estábamos acostumbrados. Claro, allá en el sur de la provincia de Buenos Aires. Claro, claro, con Rene Suárez, con Ramalán, un poquito más adelante de Coronel Suárez. Claro, ahí pasaba el tren por ahí. Sí, el tren, si nosotros embarcamos todos las pinzas acá en San Gregorio, cuando mi viejo viajó para allá. Claro. Caballos, todos llevó mi viejo, llevó una tropiza entera que era de Johnny Perkins, la tropiza que llevó mi viejo. La llevó para que no le usen los caballos acá en el campo de Perkins, en el campo del padre, porque a él le tocaba la colimba, ¿me entendés, Johnny? Claro. Entonces, para que no le usen los caballos, se los dio a mi viejo a todos que se los lleve para allá. Entonces, cuando Johnny salía de Franco, de Buenos Aires, porque hizo granadero Johnny, se iba a Coronel Suárez, así andaba a caballos allá, y como el dueño de la cascada, don Julio Perkins, era tío padrino de Johnny. Así que se iba para allá, parecía que era un hijo de mi viejo, ¿me entiendes? Se instalaba en el puesto para andar a caballos, estaba tres o cuatro días allá, y después pegaba la vuelta a Buenos Aires. Qué cosa, ¿no? Qué lindo. Sí, qué cosa. Chau, Chau, Coco, chau. Chau, ahí estamos, eh. Y la historia, no se cortan las historias. Las historias no se cortan. Esta es la manera de escribir la historia. Así escribimos la historia, no hay otra manera de escribirla. Hay que escribirla con los autores de la historia.
